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domingo, 23 de agosto de 2015

FOTOGALERÍA: Así es el paradisiaco 'Hotelito' bello y super exclusivo del CJNG


El paraíso inmobiliario del cártel de Los Cuinis cedula del CJNG, que se localiza en Tomatlán, Jalisco, y que fue asegurado por la PGR, cerró desde abril.

















Atentamente, El Chapo Guzman: Una historia de poder y corrupción así creció el imperio del Cártel de Sinaloa

En los meses que siguieron a su fuga del penal de Puente Grande, Joaquín El Chapo Guzmán saltaba desesperado de una ciudad a otra. Un grupo especial de la Policía Judicial Federal, a cargo del entonces director Genaro García Luna, y al menos 500 agentes de diversas corporaciones, le mordían los talones. Las autoridades sostenían que El Chapo realizaba la huida prácticamente sin recursos materiales: disponía sólo de cuatro vehículos, cuatro pistolas, algunos rifles AK-47, y un trío de escoltas incondicionales que desde fines de los ochenta lo seguían a todas partes: Juan Mauro Palomares, El Acuario, Jesús Castro Pantoja, El Chabelo, y Arnoldo Martínez, El Trece.

El fiscal antidrogas Mario Estuardo Bermúdez declaraba que el radio de movilidad y operación del narcotraficante se hallaba “bastante reducido”. El procurador Rafael Macedo de la Concha afirmaba que su organización estaba “significativamente” fracturada. El presidente Vicente Fox anunciaba que su captura era cuestión de tiempo: “Ahí lo traemos de cerquita”.

La policía acababa de asegurarle un laboratorio de procesamiento de drogas en Zapopan. Cada 15 días era detenido uno de sus cómplices. Las redadas federales habían provocado la detención de su hermano, Arturo Guzmán, El Pollo, y de 24 personas asociadas a su grupo delictivo: desde el hombre encargado de comprarle la comida, hasta pistoleros, operadores, pilotos y lavadores de dinero. El procurador tenía en su escritorio la lista de sus principales colaboradores: abogados, ex militares, ex comandantes de la Policía Judicial Federal. Se sabía que su segunda esposa, Griselda López Pérez, le ayudaba a rentar casas en las cuales esconderse. A cuatro meses de su fuga, en mayo de 2001, El Chapo se guareció en una residencia de la delegación Cuajimalpa. En julio de ese año se ocultó en el Fraccionamiento Las Ánimas, de la ciudad de Puebla, y luego anduvo a salto de mata en casas de El Pedregal, La Marquesa y la delegación Tlalpan.


Uno de sus escoltas, Jesús Castro Pantoja, fue localizado cuando envió un regalo a su mujer, por el nacimiento de su hijo. Las cámaras de video de la tienda donde había adquirido el obsequio permitieron que las fuerzas de seguridad determinaran su filiación. Fue cazado en estado de ebriedad a las puertas de un hotel en Guadalajara. Castro Pantoja declaró a las autoridades que El Chapo estaba deprimido y a las puertas del suicidio. La detención de su hermano El Pollo le había puesto el ánimo al nivel del piso. Le aterrorizaba la idea de ser extraditado y juraba que antes de volver a La Palma —la prisión en donde purgó los primeros dos años de una condena de 20— iba a darse un tiro.

A fines de 2001, parecía copado. El ejército le cateaba fincas, ranchos, domicilios. La policía le decomisaba vehículos, armas, droga, dinero. Guzmán Loera, sin embargo, parecía ir siempre un paso adelante. “Se esfuma minutos antes de que aparezcamos”, declaró el director de la DEA, Anthony Placido.

El narcotraficante había montado a su alrededor un sistema de seguridad que consistía en el envío de mensajes por bíper. Su grupo más cercano debía recibir cada 30 minutos un mensaje de reconocimiento enviado por escoltas ubicados en puntos alejados. Estos escoltas, a su vez, recibían mensajes procedentes de un tercer círculo de protección. Si la cadena se rompía en algún momento, se tomaba la decisión de huir: “Quería decir que alguien del grupo había sido detenido”, declaró Castro Pantoja.

La fuente más veraz de información, sin embargo, provenía de las estructuras de seguridad nacional. Durante los ocho años que El Chapo estuvo en prisión, su hermano El Pollo heredó una parte de su organización y se dedicó a reclutar enganchadores —entre ellos, los publirrelacionistas Jesús y Humberto Loya— cuya función era sobornar a militares y comandantes de la PGR asignados a cargos estratégicos.

El Chapo tenía razón cuando afirmaba que prefería el suicidio al laberinto de pasillos, muros de concreto y rejas controladas electrónicamente del penal de La Palma. Recluido allí entre 1993 y 1995 —año en que fue trasladado al penal de Puente Grande—, tuvo tiempo de advertir cómo el aislamiento, la inactividad, las estrictas reglas de seguridad y disciplina, provocaban entre los reclusos trastornos físicos y mentales. La Palma, inaugurada en 1991 como el primer penal de máxima seguridad del país, prohibía la comunicación entre internos, salvo en zonas de uso común. Entre el pase de lista a las seis de la mañana y el apagado de luces a las 10 de la noche, sólo había pequeñas visitas al comedor, los talleres, los patios. Los internos no podían formar grupos de más de tres personas y por lo general se prohibía que hablaran entre ellos. La mayor parte del tiempo vegetaban en sus celdas. En 1994 hubo dos suicidios en sólo dos semanas. Ese año, El Chapo se quejó con una organización de derechos humanos porque cerca de su celda había “dos cuartos con paredes acolchonadas, donde constantemente se escuchan gritos de personas, algunas de las cuales son maniatadas con camisas de fuerza”. Se quejó, también, porque las autoridades se la pasaban “inyectando y dando pastillas a los internos, para volverlos locos”.

A excepción de las visitas conyugales, su única distracción consistía en las largas partidas de ajedrez que sostenía con algunos de sus lugartenientes: Baldemar Escobar Barraza, Martín Moreno Valdés y Antonio Mendoza. Las autoridades del penal lo consideraban un hábil ajedrecista. También una persona “peligrosa” y “mentirosa”.

Uno de los perfiles psicológicos que se le realizaron, subraya el sentimiento de inferioridad que le produce su estatura (alrededor de 1.65 metros) y la tenacidad con que se empeña en demostrar “superioridad intelectual” y alcanzar “un estatus de omnipotencia”. De acuerdo con ese diagnóstico, “en su realidad interna no existe la culpa”, posee habilidades “para manipular su entorno” y pretende mantenerse “en el centro de la atención”. Seductor, afable, espléndido, sabe generar “sentimientos de lealtad y dependencia hacia su persona”. Es tolerante a la frustración, “pero no indulgente con sus detractores”. Sus respuestas son siempre calculadas y define claramente sus metas.

Tales características debieron ayudarle a superar la depresión. Cuatro años después de la fuga, el subprocurador José Luis Santiago Vasconcelos lo definió como el criminal más inteligente y con mayor capacidad de reacción que la PGR había enfrentado. En poco tiempo, el hombre que recorría el país con sólo tres pistoleros cuidándole las espaldas había extendido su área de influencia a 16 estados y 20 países. Controlaba el Pacífico mexicano y buena parte de la frontera. Sus redes llegaban incluso a Tailandia. Tenía bajo su servicio a funcionarios de primer nivel. Había penetrado las estructuras de seguridad del Estado a niveles inimaginables. Soñaba con crear una federación de cárteles que él iba a manejar desde la sombra.

Estuvo a un paso de lograrlo. Pero, como decía el perfil, no era indulgente con sus detractores y convirtió el país en una balacera. Un baño de sangre que en los nueve años de su fuga ha arrojado en la República un saldo de 30 mil muertos.



sábado, 22 de agosto de 2015

La "reputación" pública de El Chapo Guzmán

Sería difícil imaginar la existencia de una agencia de Relaciones Públicas dedicada a trabajar para la figura de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, sin embargo por su suerte en la arena pública, pareciera que su trayectoria descansa sobre una gran estrategia de comunicación.
Sus dos fugas le aseguraron un espacio entre los delincuentes míticos de nuestra historia. Pero más allá de estas hazañas, están sus apariciones en las listas de Forbes que lo ubicaron por cuatro años entre los hombres más ricos del mundo.

Fundada en el año de 1917, Forbes es la revista que traza un estándar para ponerle un lugar a las fortunas más grandes del planeta, a los hombres más importantes e influyentes de la economía y a los negocios más relevantes del mundo capitalista.

Las apariciones de El Chapo en las listas de Forbes al lado de figuras emblemáticas de los negocios mundiales, legitimó su cuantiosa fortuna. Le dio además un nombre y un sitio entre quienes dominan los negocios, y reveló la influencia que tiene el narcotráfico en la economía.
Para el año 2012, la lista de Forbes ubicó a El Chapo en el lugar 1,153 con una fortuna de mil millones de dólares. ¿Cómo se pudo llegar a valuar un negocio ilegítimo?

Con la meta de cumplir con sus objetivos editoriales, las listas de Forbes requieren de un método riguroso para sus mediciones, lo que los obligaría a cumplir con informar sobre fortunas probadas, reales y cuantificables, y no con datos estimados o supuestos con los que sólo se pueden medir los negocios ilícitos.

Para incluir a El Chapo en sus listas, los análisis de Forbes debieron recurrir a investigaciones de inteligencia militar y fuentes policiacas que son, por lo general, las que dan cuenta del tamaño del mercado de las drogas en el mundo. Pero esta información también pudo venir de alguna mano experta que logró justificar la existencia de su fortuna.

En los medios de comunicación El Chapo es calificado como un gran escapista, como un genio del transporte, como un capo seductor y como una mente maestra. Esta imagen en realidad debe ser obra de la casualidad y no de un complejo trabajo de Relaciones Públicas. Una suerte de envidia para personajes como la maestra Elba Esther, El Piojo, Napoleón Gómez Urrutia, y otros tantos, que seguro cuentan con asesores de imagen pero no logran superar los tropiezos de su presencia pública.



domingo, 16 de agosto de 2015

La inteligencia naval; Dos mil Marinos contra joaquin Guzman Loera El Chapo


La orden presidencial a los altos mandos de Marina y Sedena es clara: detener al Chapo Guzmán a la brevedad posible, integrando una fuerza de choque amplia, altamente capacitada y coordinada, que no deje espacio a más errores. Hoy, al menos cinco mil elementos cumplen con esta orden del Comandante Supremo.

 La Armada de México busca con todo a Joaquín Guzmán Loera. Desde el 11 de julio, la dependencia que encabeza el almirante Vidal Francisco Soberón Sanz mantiene desplegado un inusitado estado de fuerza para localizar y detener, por tercera ocasión, al jefe del cártel de Sinaloa.

Tres grupos de inteligencia naval operan desde la Ciudad de México y en varios puntos del país una estructura de búsqueda y seguimiento, cuya primera certeza es que el Chapo logró llegar a Sinaloa y es allá donde se oculta.

Este dato fue compartido con la DEA y el FBI, corporaciones que lo confirmaron. La DEA lo hizo público desde los Estados Unidos, señalando que el Chapo se ocultaría en lugares en los que la lealtad de los habitantes de la región es un factor clave para darle seguridad y entorpecer su captura.

Fuentes navales indicaron que el estado de fuerza integrado para dar con Guzmán Loera es de dos mil elementos, es decir, el equivalente a cuatro batallones de infantería de Marina distribuidos en forma estratégica en los puntos en donde se ha rastreado su paso.
Guzmán Loera fue detenido en Mazatlán, Sinaloa, por elementos de la Marina el 22 de febrero de 2014. Estuvo en prisión 16 meses antes de escapar de nuevo de otra prisión de máxima seguridad (primero lo hizo de Puente Grande, Jalisco, de donde se fugó el 19 de enero de 2001).

En su primera fuga, hace 14 años, salió del penal federal de Puente Grande aparentemente oculto en bolsas de ropa sucia que salió de la lavandería de la prisión.

Ahora lo hizo a través de un túnel de más de un kilómetro y medio de longitud, construido desde el piso de una casa particular en las inmediaciones del penal del Altiplano hacia las regaderas de una sección cercana a la celda del Chapo.

La construcción del túnel y del tiro de 10 metros de altura por el que bajó Guzmán Loera tomaron al menos seis meses, tiempo en el que ninguna autoridad, ni interna ni externa, se dio cuenta de lo que ocurría.

Desde el momento en que se confirmó la fuga del narcotraficante, la Marina concentró a un grupo especial de inteligencia para ubicar la posible ruta que el capo habría seguido y concentró a uno de sus batallones de infantería para desplazarse hacia la costa del Pacífico y hacia la frontera sur para ubicar redes de apoyo al Chapo.

El resto de la fuerza especial se fue integrando en los siguientes cinco días y está conformada por el equivalente a tres batallones más, sobresaliendo una unidad de especialistas en inteligencia pertenecientes a la generación más reciente graduada en el Centro de Estudios Superiores Navales (CESNAV) de la Marina a finales de 2014.

El documento Logros del Programa Sectorial de Marina 2014, indica que la SEMAR “capacitó a 500 elementos navales en materia de inteligencia, de los cuáles 429 lo hicieron en organismos nacionales y 71 en el extranjero”.

A este grupo pertenece parte de la fuerza de inteligencia que la Marina utiliza desde hace tres semanas para detectar y detener a Joaquín Guzmán Loera. Este grupo y varias células de la Unidad de Operaciones Especiales (UNOPES) de la Armada de México trabajan con el sistema de radio localización y escucha PR-100, de fabricación española, adquirido a finales de 2014 por la secretaría.

El sistema PR-100 es fabricado por la firma Rohde & Schwarz y está definido como el único receptor portátil desarrollado específicamente para cumplir con los requerimientos internacionales de radiomonitorización móvil”.

Este sistema puede localizar, guardar y ubicar señales de radiocomunicación que hayan dejado de emitirse en cualquier frecuencia.

La velocidad de barrido, localización e identificación de señales del PR-100 es de 2.0 GHz por segundo, lo que “permite a las autoridades reguladoras, a la industria o a las fuerzas armadas capturar incluso señales débiles de muy corta duración, señala el documento PDF en el que la empresa promociona este producto.

Junto con la Marina, alrededor de 10 mil efectivos de la Policía Federal están tras el Chapo Guzmán. El aproximado de elementos dedicados las 24 horas a esta misión es de 9 mil 678 integrantes; 1,250 integrantes de la División de Fuerzas Federales de la PF, así como 8,200 integrantes de la División de Seguridad Regional de la Policía Federal y más de 180 elementos de grupos especiales de la Gendarmería.



Yo defiendo a Don Joaquín Archibaldo Guzmán Loera

¿Qué mueve a un abogado a defender en agosto de 2015 a Joaquín Archibaldo Guzmán Loera? Pregunta de rigor cuando se lee que el abogado de El Chapo acaba de interponer una demanda de amparo contra cualquier orden de detención para extraditarlo a Estados Unidos. El Chapo es quizá el prófugo más famoso del mundo. Su maquinaria de defensa, sin embargo, parece funcionar como si estuviera resolviendo un litigio de rutina. Desde vaya a saber Dios qué clandestinidad, El Chapo busca un amparo.


--¿Cómo le pagan sus honorarios? –le pregunto a Juan Pablo Badillo Soto, defensor desde octubre de El Chapo,

justamente el encargado de promover los amparos contra la extradición.


--Ese es un asunto que no viene al caso en esta comunicación –me frena.

--¿Sí le pagan?

--Por supuesto que sí. ¡Dígame si usted trabaja de a gratis! Es una defensa absolutamente profesional y, por tanto, pagada.

Ya no pregunto cuánto ni cómo. Pero ¿quién toma las decisiones, quién diseña la estrategia de defensa, quién la evalúa? Me resisto a creer que a través de una, dos, diez, cien personas, El Chapo no haga el trazo de su defensa.

--¿Decide con total autonomía, abogado?

--No existe comunicación en este momento, por razones obvias, con mi defendido. Pero tengo la obligación absoluta, profesional, de seguir en su defensa. Como jurista, tengo que implementar su defensa con energía, con profesionalismo.

--Cuesta mucho creerlo.

--Oiga, por supuesto que como profesionista tengo que tomar decisiones. Y en este caso, yo no puedo estar preguntando en cada momento qué voy a hacer, dígame si me autoriza a tomar una taza de café.

Profesionalmente, yo tengo que tomar las decisiones. Absolutamente. Se hace en la defensa, lo que se tiene que hacer.


Cuenta que no ha visto a Guzmán Loera desde cuatro o cinco meses antes de la fuga del 11 de julio. Estremece la pasión con que expone, la seguridad con que dice que “el señor Guzmán Loera confía en la prudencia y buen juicio profesional de su defensor, que soy yo, Juan Pablo Badillo Soto”. Y tómenlo como quieran, es admirable la forma en que se bate por su cliente y afirma con la voz en alto: “Yo defiendo a Don Joaquín Archibaldo Guzmán Loera”.

--Abogado, si lo detienen, lo van a extraditar. Es opinión generalizada.

--¡Opinión generalizada de quién! –me grita--. Vaya usted a la calle y consulte a diez personas, pídales su opinión y considerarán que es una barbarie absurda si se concediera la extradición del señor Guzmán Loera.

--Firme en la defensa.

--¡Por supuesto, señor! Hasta que se dilucide la impartición de justicia, la del respeto a las instituciones y a la soberanía de la patria mexicana. Y obviamente, el único que manda sobre mi desempeño profesional es el señor Joaquín Archibaldo Guzmán Loera.

¿Gana mucho dinero, está amenazado, no le queda de otra? No lo sé. Guardo para el registro sus palabras. Parecen, diría Václav Havel, las de un hombre que sabe que la esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido, sin importar el resultado final.
Eso parecen.

MENOS DE 140. El secretario Videgaray cancela su visita a Veracruz. Inauguraría el concurso nacional del SAT. Veracruz, rinconcito…



viernes, 14 de agosto de 2015

Los pleitos y reproches mutuos entre altos mandos de México y EU por fuga de El Chapo


Desde que se fugó del penal de “máxima seguridad” del Altiplano, Joaquín “El Chapo” Guzmán ha logrado tensar las relaciones entre México y Estados Unidos.

La migración, desde luego, no se ve afectada, tampoco los miles de millones de dólares de comercio binacional cotidiano. Eso corre por otra vía.

Pero las juntas de funcionarios de ambas naciones han estado marcadas por un tono más ríspido que de costumbre. Asomos de sospecha y desconfianza, recriminaciones mutuas, aparecen en medio de rondas de conversaciones de las que públicamente se informa sólo la cara más noble: dos países cooperando en labores de inteligencia para capturar al capo más poderoso del mundo.

Fuentes de alto nivel me han confiado de cuando menos dos encontronazos en los encuentros México-Estados Unidos.

El primero habría sucedido en la visita que realizaron Tomás Zerón de Lucio, director de la Agencia de Investigación Criminal, y Gilberto Higuera Bernal, subprocurador de Control Regional de la Procuraduría General de la República, a los representantes de los organismos de inteligencia del gobierno estadounidense. Sucedió en Texas la última semana de julio.


La sospecha se tendió sobre la reunión. Me relatan que la parte mexicana cuestionó que era poco creíble que con los niveles de espionaje e infiltración que logra la inteligencia estadounidense sobre los cárteles mexicanos, no hayan sabido que “El Chapo” se iba a fugar. La implicación es más grave: que Estados Unidos supo y no advirtió de nada, porque quería a “El Chapo” en extradición y como México se lo negaba, qué mejor manera de lograrlo que exhibir la incapacidad de las prisiones mexicanas para retenerlo (en el supuesto de que sea recapturado, su extradición al vecino norteño es casi un automático político).

Estados Unidos, me dicen otras fuentes, rechazó la suspicacia y reviró con el argumento de los altísimos niveles de corrupción que invaden a México y el hecho de que reiteradamente, el gobierno mexicano les aseguró que el penal del Altiplano era de clase mundial.

El segundo encontronazo se habría registrado en la “gira del adiós” del embajador de Estados Unidos en México, Anthony Wayne. Concretamente en una visita a la Secretaría de Gobernación, que comanda Miguel Ángel Osorio Chong. Coincidió con una declaración de un funcionario de la agencia antidrogas estadounidense (DEA) diciendo que habían alertado dos veces a las autoridades mexicanas sobre planes de fuga de “El Chapo”.

México exigió que se retractaran o que exhibieran las pruebas de que habían compartido tal información porque el Cisen, que es su ventanilla de contacto, nunca la recibió. Estados Unidos contestó, según personas bien enteradas, que les pasaron el dato a través de otros canales de comunicación de menor jerarquía burocrática, y terminó medio matizando públicamente esa polémica declaración.